Paso 1: Escuchar

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Horacio Almenara Moral @H_AlmenaraMoral

Anda la situación revuelta a todo lo largo y ancho del globo. Quién más, quién menos, ve como su tren de vida de hace no demasiados años ha dejado su estación y es ya un recuerdo humeante. Los ricos siguen siendo ricos, o muy ricos, y siguen siendo muy poquísimos. Las clases medias viven un proceso de desaparición, de disolución, desconocido hasta la fecha. Los llamados pobres son ahora más pobres que antes, y si antes eran pobres, pues ahora la fortuna los esquiva. Y el resto, el resto está como estaban los padres de los padres de sus padres, trabajando (los afortunados) más que antes para conseguir vivir míseramente, aspirando a vivir dignamente.

Leo por algunas fuentes que uno de cada cinco españoles vive bajo el umbral de la pobreza, contando con que el umbral de la pobreza española es para más de medio mundo el umbral de la riqueza, no es difícil hacerse una idea de la situación.

El rico aspira a ser más eficiente, para ganar más, la clase media ya no tira frutas un poco pasadas, las hace macedonia, los pobres visitan los bancos de alimentos más que los bancos y el resto, el resto sigue como hace siglos, peleando por las cáscaras, por las migajas de una sociedad que por ciega culpa a la crisis de su situación.

No lo sé, evidentemente, pero tal vez la culpa de esto no sea de los bancos, siendo los bancos una creación de la sociedad que hemos fabricado generación a generación. Estos bancos eran nuestras cuidadosas mamás, que nos daban lo que pidiésemos sin importarle el futuro. Quizás las culpas estén tatuadas en nuestra piel, en esa necesidad imperiosa de necesitar lo innecesario, en esa insatisfacción continuada de aspirar a más pudiendo vivir con menos. Si la clase media se derrite como mantequilla en sartén hirviendo quizás sea porque no ha existido nunca, y sencillamente fueron nuevos ricos que tenían fecha de caducidad y que ahora se resisten a volver a lo que siempre han sido.

¿Y que mejor modo de resistirse que culpando a otras cosas de los problemas? Siendo realista, nadie acabará nunca con la injusticia social viviendo en el mundo conocido, pero hubo alguien que creó una idea falsa, utópica, la de vivir bien sin importar a costa de quién. Y parece que el mundo ha dicho basta, y no es que la gente se baje del tren por estar harta de él, es que el revisor los echa a patadas porque no da lugar tanto “lujo” para tan poco pan.

Porque el ruido social que tanto se siente ahora no lo hacen los que realmente deberían hacerlo, aquellos que han vivido de la piedad ajena, callados por quién les llenaba las manos del pan para hoy y hambre para mañana, el silencio lo rompe aquel que viviendo muy bien ahora se ve abocado a vivir como vivían sus abuelos. Y a nadie le gusta ver la televisión en una tele de 28″ cuando antes la veía en una LCD de 42″.

Hemos vivido de la bondad del que teníamos encima y de acallar lo que no nos apetecía escuchar. El rico aprovechaba sus recursos para ser más rico, el funcionario de clase media pedía dos créditos a un banco usurero que se los concedía para su Audi y su casita con garaje. El pobre se permitía ir de vacaciones unos días al año, y claro, llegado a cierto punto, alguien ha pedido echar cuentas de tamaño banquete, y no le ha gustado el resultado.

Se acabó la carrera hacia el yo tengo mucho y quiero más, hacia el si tú tienes, yo tengo y además dos. Ahora toca el momento de repartir culpas, hemos destrozado el piso en que todos íbamos a vivir de vacaciones el verano, y nadie quiere volver a casa sin fianza y obligado a trabajar. A nadie le gusta eso, y la culpa es del casero (véase los bancos), por fiarse, la culpa es del vecino de arriba (los ricos), por denunciar tanto ruido, la culpa, en definitiva, no es propia. ¡Qué desfachatez, querer culpar a alguien por ser feliz!

Pero yo me pregunto, la generación que nos precedió, la que vivía sin consumo desaforado y con los pies en el suelo, ¿era infeliz? Quizás nuestros abuelos no tuvieron un coche ni pudieron pasar dos semanas al año en un crucero por las islas griegas, ¿pero de verdad fueron infelices? Mejor no preguntar, por si acaso la culpa nos removiese el estómago.

De modo que en esas estamos, en manos de otros que no nos tienen en demasiada estima, y a los que la inmensa mayoría del mundo u odia o ignora. ¿Y cuál es la solución? Porque nadie puede decir que tres años de austeridad hayan mejorado una pizca la situación. La piedad, volver a darle a los pobres su pan duro, como pedía la Iglesia…¿cuántos siglos atrás supondría eso? Quizás haya que empezar a escuchar, a escuchar a los que no han vivido por y para gastar, a los que sabiendo lo que tenían, lo querían sin ambición. Luego, habrá que empezar a cambiar algunas cosas, pero eso es algo que todavía no se sabe quién lo hará.

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Una respuesta to “Paso 1: Escuchar”

  1. Virginia Says:

    ¡Buen tema elegido! Estoy de acuerdo en lo que has dicho, Horacio. Estoy totalmente de acuerdo en que estos años de atrás hemos vivido (metámonos todos, y que se libre el que se tenga que libras, porque hay excepciones) por encima de nuestras posibilidades, en todos los sentidos. ¿A quién no le gusta una vida comoda en la que tenga de todo? Me ha gustado el ejemplo que has puesto sobre la televisión por ejemplo. Cuando llegó el boom de las pantallas planas, todo el mundo se compró una, sin importar que la que tenía entes estuviese nueva, lo que se llevaba era la pantalla plana… y no tener una “¡Qué vergüenza, por Dios!” Pues digo una cosa, yo de pequeña veía la tele un una normal, y no por eso era menos feliz, ni mucho menos. Otra cosa es eso de que los niños tengan ordenador cada vez más pequeños ¿de verdad es necesario que un niño de apenas 9 años tenga ordenador con internet?. Yo, personalmente no tuve ordenador hasta segundo de la Eso, ni internet hasta hace un par de años, y la verdad es que no es algo que haya necesitado, para eso estaba la biblioteca. Es más, tampoco el no tener ordenador me ha impedido ir aprobando curso a curso.
    Llegados a este punto, otra cosa que me ha gustado ¿Nuestros abuelos eran menos felices por tener menos? NO, EN ABSOLUTO. Todo lo contrario, yo creo que antes, con menos se era más feliz, ¿por qué? porque había menos egoismo, lo poco que se tenía se compartía, y eso hacía que la gente (e incluso la propia familia, que hoy día ya menos) estaba unida, para jugar solo bastaba con una piedra y una tiza, y con eso un niño, en compañía de otros pasaba una tarde de los más divertida y feliz , y puede que esos niños no tuviesen casi ni para comer, pero eran felices ¿y ahora? un niño tiene ordenador, play, nintendo, móvil con whatsapp, etc etc ,pero, he aquí la cuestió ¿esos niños son felices?No, son niños que no valoran lo que tienen, que a la nada se aburren y que ya no se relacionan con los demás. cada vez hay más casos de depresiones y cosas similares por lo mismo (falta de relación social).
    En resumidas cuentas: que cada uno debería saber hasta donde puede llegar y no intentar ir más allá, porque puede pasar lo que está pasando. Oye, que si no puedes tener un Mercedes, un Peugeot, o un Hyunday tampoco está mal. Y si no puedes llevar un chandal Nike, pues llevas una más barato. Vamos, esa es mi opinión, que claro está, cada uno tiene la suya.
    A todo esto: Enhorabuena por la entrada Horacio, me ha encantado🙂.

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