Arde lo aprendido

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Horacio Almenara Moral @horaciminutos

Saludos de nuevo a “las palomas”. Volvemos por estos lares tras un tiempo de descanso, andamos ocupados, pero intentaremos ir escribiendo poco a poco, recuperando el ritmo, para teneros al día.

Hoy me gustaría hacer un ejercicio de imaginación, no sé si será útil o si realmente es correcto hacerlo, pero me parece una idea original.

Me gustaría que echásemos la vista atrás unos años, concretamente a los felices años 20 que finalizaron abruptamente con el Crack del 29, y que no lo fueron tanto para la Alemania que nació del Tratado de Versalles, la República de Weimar.

Fue una nación que durante su corta existencia vivió una crisis que sólo fue a más, como en una espiral sin final, que sólo podía tener un final abrupto, y para nada soñado. El final fue, como muchos ya sabrán, la llegada al poder de Adolf Hitler y el inicio de 12 años en los que la Historia se tiñó de rojo fuego.

Una crisis económica dantesca causada por el terrible peso de las medidas impuestas por las naciones vencedoras de la Gran Guerra, una falta de moral que los grupos radicales (nazis) supieron aprovechar para alcanzar el poder. En definitiva, un excelente caldo de cultivo para la instauración de un régimen carente de libertades, de un fanatismo sin parangón y que al fin y a la postre, costó la vida a millones de personas durante seis largos años de guerra.

Tras el fin de la Segunda Guerra Mundial, el mundo entero respiró con alivio y pensó que había aprendido la lección, que podía cometer sacrificios y errores pero que en ningún caso se volvería a repetir una situación como la que propició la llegada de los nacionalsocialistas al poder. Sin embargo, muchas décadas después, estamos ante la crisis económica más grave desde aquellos tiempos, y en algunos países occidentales, los niveles de descontento social empiezan a ser alarmantes. Los niveles de vida han disminuido en apenas tres años lo que habían crecido en décadas. La situación en Italia, España o Portugal roza lo trágico, y en Grecia el caos está desatado por las duras medidas de ajuste que desde el exterior se está imponiendo a un pueblo que, ahora si, puede afirmarse que casi “muere de hambre” en gran parte. La pobreza se extiende rápidamente en regiones donde ya no se recordaba otra cosa que el famoso “estado de bienestar”.

Así las cosas, no es de extrañar la enorme cantidad de revueltas, los movimientos que están surgiendo y los violentos choques entre manifestantes y policías que se dan en el país que en cierto modo creó la democracia.

En toda esta vorágine de acontecimientos, me gustaría enseñar algo, un pequeño discurso que tal vez en algún país poderoso, o en la misma Grecia, algún agitador político podría imaginar o contar a un grupo de seguidores descontentos que se unirían a una causa que les promete salir de la desesperada situación en que se encuentran.

Largo tiempo ha caminado el pueblo sin causa que subsanar, sin meta ni aspiración más allá de la toma del próximo suspiro. Años que contados en meses parecen una eternidad se ha vagado junto a una moral igualmente nómada.

Se ha dejado crecer sin poda el árbol de la estirpe, de la especie de nuestro conocimiento con la creencia, la fe ciega.

Vana es la victoria prometida por la fe, si esa fe no es en las armas y la fortaleza de quién embiste contra el destino impuesto por opresores extranjeros.

El eterno compás de espera se ha roto, sólo una decisión firme podía hacerlo estallar en mil pedazos. Y ellos tomaron la decisión, aquellos que hoy no están aquí son el impulso definitivo para transformarme a mi en la elección no ya acertada, sino necesaria y única.

La salida está en derrumbar las puertas y ventanas que construyeron para encerrar nuestro espíritu. Esa falsa puerta a la que llaman sueños, el alimento del débil. Esas falsas ventanas que son la riqueza material y la fe, que iluminan… ¿Iluminan qué? El espíritu derrotado morirá aunque se lo engañe con trucos. Únicamente estallando, vibrando y tomando la decisión de vencer o morir, podremos optar a vivir.

De poco importa si yo elegí al pueblo o el pueblo me ha elegido a mi. Yo estoy ahora frente a vosotros entregado a la noble causa de devolveros lo que por debilidad tiempo atrás nos arrebataron.

Piedad, flaqueza, negociación, agotamiento, rendición, mestizaje, religión, derrota, tolerancia y ese sinfín de tropelías que hasta ahora han vendado vuestros ojos y debilitado nuestro diccionario tendrán el mismo final que todo aquel que se interponga en nuestra meta, la desaparición.

Victoria, a toda costa, a cualquier precio, sin imposiciones, victoria como modo de vida, como elemento alrededor del cual crecer. Victoria sobre el tiempo, los elementos, el oponente o el hermano que muestre debilidad,.Victoria como aire que dar al alma, como mina para sacar fuerzas de la tragedia diaria.

No vivirán sino los héroes, los eternos y los victoriosos, aquellos cuya vida y sangre este dispuesta a darse por la causa común.

Por todo ello hoy arde nuestro pasado y con ello se ilumina un futuro que empieza ahora mismo.

La elección de un alma ansiosa, la fe de un pueblo en ella y la obstinación de que sólo vencer permitirá que sobrevivamos serán las pautas de nuestro mañana.

Estoy simplemente ante una invención, ante una suposición inspirada en lo que décadas atrás pasó en la Alemania de Hitler, y sin embargo, si en algún momento ha podido cobrar fuerza un discurso de ese tipo, es en este tiempo que vivimos…. ¿de verdad podría darse de nuevo algo así?

Es menester que nos lo planteemos.

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2 comentarios to “Arde lo aprendido”

  1. Cobachín Says:

    Es decir, va a tener que llegar un enano bigotón, con unas ideas un tanto excéntricas y creando una empresa de coches, para salvar la economía del país…menos mal que yo soy más de perilla.

    Fuera de bromas, es cierto que en los tiempos que corren, creo un buen aluvión de ideales cargados de promesas podría arder cuál mecha empapada en gasolina por las cabezas de miles y miles de fanáticos, y desesperados (todo hay que decirlo) por encontrar una solución a esto, desencadenando enormes revueltas y disturbios que provoquen múltiples heridos e incluso muertos. Pero con el control internacional bajo el que se encuentra este país (y otros tantos vecinos como Grecia o Portugal), no auguro yo una llegada al poder de dichos movimientos, ni mucho menos la masacre que se vivió hace ya 70 años.
    Quién olvida su historia, está condenado a repetirla, dijo una vez George Santayana, y esta historia está tan recordada, que en el caso de repetirse jamás alcanzaría tales dimensiones.

    Espero no equivocarme, más por el bien de todos que por propia vanidad.

    ¡Me alegro de que volváis chicos! =)

  2. anonimo Says:

    Muy buena entrada, Horacio, te felicito por segunda vez, y así te dejo un comentario que esto últimamente está muy poco activo y eso no puede ser, a ver si se anima la gente.
    Que me ha gustado mucho la entrada, aunque ya sabes que no es la que más me ha gustado, aunque me ha parecido muy bien que hayas cambiado.
    Bueno, no solo felicito a Horacio ehh, os felicitos a todos porque haceis una labor muy buena, nos regalais entradas muy buenas TODOS, y por ello felicidades a las palomas, y esperemos que sigan mucho tiempo, con o sin parones. Un saludo

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