Ferias

by

Horacio Almenara Moral

 

¡Saludos un viernes más! Ando por tierras cordobesas, disfrutando de su feria, que recomiendo visitar en estos últimos días a cualquiera que tenga tiempo y posibilidad. Pues bueno, ya que estamos con la feria liados, hoy os hablaré de algo así.

Llega la temporada de las ferias, desde la famosísima Feria de Abril sevillana (que este año ha sido casi en su totalidad en el mes de mayo) hasta la del más pequeño pueblo de la región, durante los próximos meses estivales, las ferias inundarán los fines de semana.

Hablaremos hoy de feria.

Luces nada más llegar, luces y más luces de fondo, y música del momento, y de música que evoca recuerdos, y más ruido de gente hablando, de reencuentros y de saludos familiares, y de niños que han perdido su globo en mitad del cielo. Si lo vives, sabrás a qué me refiero

Y luego está ese ambiente que no puedes describir, esas tapas de “ibéricos”, que celebran que por mal que estemos (y muy mal que estamos), siempre nos quedará nuestro París, la Feria. Y esos risueños niños con arena en las rodillas, con madres amargadas buscando como hacerlos comer un simple pepito.

Llámame romántico, llámate romántico también si lo sientes, pero de lo más sencillo es de lo que más fácilmente te enamoras, lo que más gusta, lo que año tras año, queremos repetir, sin estridencias, sin estancarnos, ese es uno de los encantos de la feria.

Porque te crees que el jamón viene cortado directamente del cerdo, también vives en la ilusión de que las atracciones de feria se montan solas, o tal vez no vives en esa ilusión, pero llegado el momento, lo mismo criticas el mal humor del feriante. Por cada risa que se te escapa en esos días de feria, alguien ha sudado bastante para conseguirla, y ese sudor es su pan, y su pan está en tus manos, y tú todavía no valoras eso, por un error que tenemos todos, y es el de mirar lo que brilla, y menospreciar lo que no nos afecta directamente. En defensa de la mayoría, diré que nunca las mayorías vieron con buenos ojos a las minorías, y con frecuencia, simplemente las ignoraron.

La Feria está bien, pero tiene sus peros, y como siempre, los silenciamos, porque nos interesa mirar a otro lado, esos días más que nunca, no vaya a ser que algo enturbie nuestras fiestas, nuestra diversión ¿no?

Quejarte de que un filete está tal vez un poco más tostado que de costumbre, regatearle a un pobre “negrito” que se ha gastado lo poco que tiene para comer en pasar 4 noches a la intemperie para hacerte el favor de darte un capricho barato, criticar al señor que a las ocho de la mañana, tras pasarte toda la noche bebiendo te ha vendido los últimos churros que le quedaban, poner un grito en el cielo porque te estresa tanta gente. Esto y mucho más, también lo sientes en Feria, pero lo callas, lo callamos por interés, por no manchar.

Por eso hoy, antes de despedirme a tomarme la antepenúltima, quiero hacer desde aquí un homenaje a todo el que le toca la parte sacrificada de la feria, por el bien de todos, para ellos, un saludo enorme.

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