Cuestión de fe

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Horacio Almenara Moral

Muy buenas un viernes más al blog. Tras un tiempo de pausa y descanso, volvemos de nuevo, con bríos renovados, pocos días después de cumplir nuestro primer año.

Momento histórico este que estamos viviendo, y todavía no lo sabemos, como tampoco sabían del todo las consecuencias que tendrían los que tomaron la Bastilla aquel 14 de Julio de 1789, sin embargo, sabían que algo estaban cambiando. Ellos cambiaron todo el régimen feudal basado en estamentos que regía el Viejo Continente, pero fue un proceso largo, aunque el estallido fue repentino y fulminante, pasaron muchas décadas antes de que la democracia se asentase, antes de acabar con muchos prejuicios e injusticias…y aún hoy día sigue el proceso de eliminar barreras, de mejorar el sistema, que empieza a dar síntomas de agotamiento.

Ben Alí, el depuesto presidente tunecino, gobernante absoluto del país durante los últimos 25 años, agoniza hoy mismo en un hospital en Arabia Saudí, donde se había exiliado tras el levantamiento popular que lo derrocó el pasado 14 de enero.

Hosni Mubarak, hasta hace apenas una semana presidente egipcio renunció al poder tras las multitudinarias protestas en la ya famosa Plaza de Tahrir a favor de una junta militar que gobernará Egipto hasta la celebración de unas elecciones libres reales.

En Barhein se reprime a manifestantes con proclamas similares, teniendo que actuar el ejército para salvaguardar el estado de orden vigente.

En Yemen, Alí Abdulá Saleh, tras 32 años en el poder, ha anunciado que no volverá a presentarse a la reelección por las protestas y conflictos entre sus detractores (auspiciados por los victoriosos alzamientos populares en Túnez y Egipto) y sus simpatizantes.

Y así, en la gran mayoría de los países de Oriente, un sentimiento de inconformismo, de cambio y de intención renovadora se remueve en la conciencia social, poniendo en duda a sus gobiernos, a su orden y ley, en definitiva, al sistema que desde hace ya muchos años los gobierna sin tenerlos en cuenta.

Internet, con las nuevas redes sociales, que dificultan enormemente la actuación del poder a la hora de coartar las libertades de expresión y prensa, ha jugado un papel fundamental por primera vez en la historia para cambiarla, este es el primer cambio realmente propiciado por las nuevas tecnologías de la comunicación, y será recordado, estoy seguro, pero, ¿esto es el final de las dictaduras y el comienzo de una nueva etapa de democracia y justicia en una de las regiones menos desarrolladas en este aspecto?

Tomaré las palabras de Churchill para describir como veo ahora mismo la situación:

“Este no es el final, ni siquiera es el principio del final, aunque quizás sea el final del principio”.

Perdonen ustedes mi falta de fe y mi escepticismo, pero me cuesta creer que tras décadas de una sociedad jerarquizada y dominada por un grupo muy selecto de militares y políticos asentados antidemocráticamente en el poder, los cambios tan importantes y repentinos que están aconteciendo puedan llegar a buen puerto, al menos, en poco tiempo.

El primer paso, el más importante, la chispa que enciende todo el proceso, ya ha comenzado, pero el camino hasta el asentamiento de una sociedad moderna (como nos denominamos a nosotros mismos los occidentales, con o sin razón), pero queda un largo camino, y hay muchos más motivos para creer que todo quedará en papeles mojados, que para ser optimistas.

No debe despreciarse la dificultad que, a partir de ahora, tendrá que afrontar una sociedad que todavía se debate entre el inmovilismo y las ansias de libertad (la juventud es importante, pero una gran masa social está bien asentada en el régimen anterior y no moverán un dedo por empujar este proceso a la senda del éxito), como tampoco debe olvidarse un proceso que ya hace más de dos siglos se dió tras la Revolución Francesa. Y es la separación del Estado y la religión, un problema de fe con una solución compleja cuánto menos. La sociedad en Oriente es una sociedad teológica, en que la religión, el Islam tiene un peso enorme tanto en la idiosincrasia de la misma, como en el poder que de hecho ejerce sobre el gobierno.

Superar la unión de Estado-Religión, asentar un estado en que lo terrenal se separe de los espiritual, un paso que ya han superado todas las sociedades occidentales sin dejar de perder la fe (Estados Unidos, el ejemplo de la democracia es, así mismo, un Estado en que la religión tiene una gran influencia en muchos estratos sociales) llevará su tiempo, y no será cuestión de semanas o meses, tal vez ni siquiera años. Será una nueva generación, aquella que ya nazca bajo de una democracia real (todavía inexistente) la que asumirá como precepto la diferenciación necesaria entre creencias y gobierno, y sólo lo hará con la voluntad de cambio de la generación actual. No estamos hablando de un proceso uniforme, de un alzamiento contra el poder o de unas democracias libres, estamos hablando de un cambio en el pensamiento de una sociedad que no ha conocido otra cosa que el poder teológico, y este bien puede ser el mayor escollo para el desarrollo de un cambio hacia la democracia.

Estamos en un momento histórico, tanto como el final de la Guerra Fría o el atentado contra las Torres Gemelas, o puede que incluso más, millones de personas, tras muchos años de gobierno dictatorial, tienen la oportunidad, por su propio sacrificio e ímpetu, de comenzar el camino hacia el asentamiento de una democracia efectiva, real, hacia una sociedad más justa, en que el ejército esté al servicio de la sociedad y lejos del poder, en que la religión sea libre y personal, y no omnipresente, y para alcanzar todo eso, no deben cambiar los gobernantes, aunque sea un paso indispensable para ello, debe cambiar la mentalidad, debe ser una nueva generación la que tome las riendas de la sociedad, la que asuma su rol y todos los sacrificios (víctimas y más víctimas) no caigan en saco roto.

El proceso es incierto, las dificultades serán infinitas, pero la oportunidad está ahí, la Historia puede reescribirse de nuevo, la voluntad del hombre decidirá hacia donde irán los destinos de Egipto, Túnez y otros países que pueden seguirlos en su cambio, y el tiempo colocará en su lugar estos acontecimientos, sus protagonistas y a todo aquel que quiera probarse.

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