777 palabras de más…

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Por Horacio

Muy buenas de nuevo al blog, hechas ya las presentaciones, no me andaré con rodeos y pasaré a lo que he preparado para este retorno, algo diferente, nuevo, y qué, dependiendo de su acogida, podría repetirse o no, en vuestras opiniones estará la clave…

No sé como llegué a esa situación, como llegamos, éramos dos, o quizás uno solo, nunca lo supimos del todo, simplemente, pasó, y fue, fue sencillo, un silencio a gritos que ya jamás callaron…


Traté de hablar, de veras que lo intenté, pero no fui capaz de romper el hechizo, no tuve valentía. Hacía largo rato que había dejado de ser poco más que un mero impulso…

Trató de hacerme callar, y de verás lo consiguió, fue un parpadeo, un mínimo instante en que las luces de salón se apagaron, las farolas parecieron fundirse en una noche cuyas estrellas se consumieron ante la fuerza única de una ciudad que respiraba… Yo la escuchaba respirar, una melodía humana y metálica. Fue cuando más acompañado me sentí, cuando mejor percibí a los demás…

Quizás no estaba solo, pero la sensación era esa, aunque más dulce, infinitamente más dulce… Y aterradora, en esos momentos me aterró, y todavía hoy me pone los vellos de punta, lo prometo…

Cielos de color cielo, que no transmitían otra cosa que impresiones artísticas, que sensaciones animales, que deseos incontrolables… Perdón, ¿he dicho que transmitían poco? Es mentira, ese era mi deseo el que no se cumplió…

Te preguntarás que deseaba, ¿verdad? Yo me lo pregunté en cada uno de los eternos segundos. Cómo gotas de agua que caen en calles desiertas, me transmitían al mismo tiempo soledad y paz, ruido y temblor… fue tanto en tan poco… pareció tan poco en tanto…

Quise tocar con mis manos el cielo ardiendo, el más ideal de los olores, ese que mezcló una brizna de césped recién cortado con los perdidos estantes de una biblioteca sin dejar pasar la oportunidad de mezclarse con el sabor de un café bien tostado… sí, eso quise tocar, y obviamente no pude, y me mató cuando lo conseguí, porque me desbordó, fue inconcebible, y la sensación de deseo, de aspiración, se convirtió en un remolino hacia lo desconocido y oscuro que hace que tiembles, y temblé…


Y tras eso se volvió a parar el reloj de arena que parecía irremediablemente al borde de tocar a su fin…

Y un artista prefirió pintar a golpes, arañar el lienzo, gritar en una habitación vacía y dar brochetazos con los ojos cerrados mientras deseaba con todas sus fuerzas acabar, cuando deseaba morir justo después de dar a luz al más ínfimo de los cuadros que reflejase el más espectacular de los sentimientos…

Y durante horas, durante días, durante años, se quedó mirando su obra, provocada cuando era víctima y no villano de un odio que venía de mucho más lejos, de un amor… Y no fue capaz de articular palabra o gesto capaz de romper la parálisis a la que se encontraba atado tras finalizar su obra, y sin embargo… no le convencía en absolutamente nada…

Y recordó toda su vida anterior, todos los golpes que lo habían convertido en lo que era y no en lo que habría deseado ser, y sin embargo, era feliz por alcanzar algo más allá de sus sueños, su presente…

Y de pronto, volvió el movimiento, y arañó la obra con una desgarradora pincelada, y entonces quedó conforme, y descubrió que la única diferencia entre la duda y la felicidad puede encontrarse en el más ínfimo de los detalles…

Y volví a sentir el avance de un reloj cuya arena no parecía caer sino grano a grano, con una lentitud desesperante, y entonces vi mucha más cerca de lo que podía soportar sus ojos. Y esos ojos…

Eran enormes, y estaban muy cerca, y me evaporaron, sentí como si todo lo material que todavía quedaba en mí se desvaneció tras una mirada que realmente no me miraba a mí con el fin de darme fin, sino con el deseo de comenzar…

No sabría decir el color, porque a cada instante que los veía, cambiaban de color, probablemente porque mis sentimientos cambiaban a la misma velocidad…

Miedo, amor, angustia, compañía, soledad, terror, valentía, curiosidad, frío, calor, y luego vino lo que todos conocemos una vez en la vida y nunca en la vida podremos describir, vino eso…

Y también noté mis lágrimas, lágrimas que no entendían, lágrimas que reflejaban su rostro y mis pasiones, su valor y mis temores…

Y justo después, lo material volvió rápidamente, y mis brazos siguieron sin poder moverse, y mi presencia se encogió ante su cercanía, y mi espíritu se mezcló como si de una amalgama de placeres se tratase, y sus manos, que eran poco más suaves que la más calmada de las nubes se acercaron a mí, y fue una delicia que quedaría muda e insignificante…y luego, un instante después, me besó…

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10 comentarios to “777 palabras de más…”

  1. El Fregonero Says:

    A mí me pasó algo así en el banco de un parque.
    Miento, nada que ver, no se me pasaron tantas
    cosas por la cabeza.

    Soy mala persona?

  2. Elena Says:

    …. no hay palabras para comentarlo… ES SENCILLAMENTE PERFECTO!!!
    eres muy muy MUY bueno!!

  3. Natalia Says:

    GENIAL!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

  4. carmen Says:

    Horacio es precioso!!!!!!

  5. Tórtola Says:

    Al final no he contado las palabras como te dije en el privado (serás tú quién me lo desvele xD) porque no he sido capaz de hacer tal gilipollez con un texto así
    Me recuerda enormemente a canciones de Manolo García, y eso es bueno, ya que es uno de mis artistas favoritos…

    Enhorabuena =)

  6. Sara Says:

    Sinceramente después de leer esto no se quien eres realmente… si el escritor que expresa estas cosas o intenta expresarla o lo que demuestras ser…

  7. DonEzz Herrera Says:

    Horacio, ¡Que bien escribes!

  8. Voro Says:

    Único.

    “Y recordó toda su vida anterior, todos los golpes que lo habían convertido en lo que era y no en lo que habría deseado ser, y sin embargo, era feliz por alcanzar algo más allá de sus sueños, su presente…”

  9. Bianca Sánchez Says:

    . . .

    dios

  10. Sa Says:

    Se merece un comentario en condiciones, con sentimiento… el que quizás tenia pensado poner, de todos modos, sigue asi como tu sabes, Horacio🙂

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