Frío

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Ya anochecía, hacía ya mucho tiempo que los vecinos dormían plácidamente, esperando un día que cuando llegase no sería ni nuevo ni especial…

Pero ahí seguía él, mirándola a ella, plácidamente dormida, como un ángel caído de un cielo del que nunca debería haber bajado. Era demasiado duro para él verla cada día tan brillante, tan especial, tan única. Cada vez que salía a la calle sola, cada vez que él no la controlaba, e incluso cuando sí lo hacía, los celos lo mataban, simplemente le impedían ser feliz.

Era tan extraño que una persona que haría feliz al más desdichado de los hombres, al único al que estaba dispuesto a entregarle su amor era al que más daño le hacía. Quizás sea la posesión de las personas la que ha matado a muchas de ellas, porque no son objetos, sino personas, y tienen una libertad que nadie puede controlar…nadie.

Llevaba mucho tiempo mirándola fijamente, quizás horas, ya no lo sabía, su mundo se había reducido tan mezquinamente al cruel sentimiento que era una mezcla de miedo, ira y celos que lo demás no importaba. ¿A quién podía importarle algo más que salvaguardar al ángel que había capturado? A nadie obviamente, al menos no a él…

No era fortuna, era desgracia. Todo estaba cambiando desde hacía muchos días, desde hacía muchos meses. Desde el momento en que se supo dueño de la felicidad, la perdió… Contradicciones del hombre, que a menudo proclama unas alegrías que no son nada más que falsas apariencias…

Y así su cabeza funcionaba con una frialdad mecánica, sin responder a nada de lo que su corazón pudiese decirle. Un corazón que pedía socorro desde hacía muchos días, porque el sufrimiento al que se estaba sometiendo simplemente lo estaba asfixiando, dándole más fuerzas a la locura que al sentimiento. Justo en ese momento en que el cerebro se apoderaba del alma, la razón que se suponía cerebral se evaporaba entre fríos pensamientos. Una idea se aparecía constantemente…

¿Cómo evitar compartir con nadie su felicidad, su mitad?

No había manera buena de hacerlo, porque ya no era capaz de engendrar nada bueno, ni siquiera de imaginarlo, y con ello se acercaba el triste final, el más cruel de los finales, el momento en que el amor se transforma en inconsecuente pasión, y la pasión, la pasión se convierte en locura…

Sus manos se estrecharon con la fuerza del impulso maniaco alrededor de su cuello de cisne, fue terrorífico, todo el mundo se paró un instante, el momento en que sus ojos se quedaron blanco, su piel perdió el color y simplemente, todo se acabó, ese último suspiro fue su última oportunidad de expiración…pero la mató, y con ella, se mató a sí mismo…

No lo sabría nadie hasta mucho tiempo después, pero el daño comenzó desde el mismo momento en que el hombre descendió a la más innata de las obsesiones, el instante en que se creyó dueño de alguien más que de sí mismo…el frío, a menudo, hace más daño que el calor…

Cita célebre:

La violencia engendra violencia“. Extracto de la película “La Naranja Mecánica”.

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Una respuesta to “Frío”

  1. rrr Says:

    Indudablemente no te enamoraste de una mujer; te prendiste de una fantasía… Eres preso de tu propia utopía. Posees la extraña enfermedad de quienes sueñan y quizá puedan cambiar al mundo…. Todo depende de tí…

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