Sudáfrica nació en 1995

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El séptimo arte rescata del olvido miles de historias. Digamos que, para la entrada de hoy, la sección deportiva se quedaba corta. Así que, con el consentimiento de mis queridos compañeros y amigos Horacio y Ezequiel, he usurpado sus temáticas para realizar una combinación de todas ellas. Y es que deporte, cultura, política e historia van a estar muy presentes en el día de hoy. Como cada lunes, bienvenidos a “Las Palomas Traman Algo”.

Necesidad de felicidad

El apartheid era concebido como un sistema de segregación racial que se dio en Sudáfrica. Se realizaba una clasificación social según el color de piel. Es más, muchas zonas estaban prohibidas para el uso y disfrute de la raza negra. Con su abolición, nació el miedo y el temor de un levantamiento frente al pueblo blanco. Aquí comienza a desarrollarse mi escrito.

Nelson Mandela, líder activista negro, tras ser liberado de prisión, logra llegar a la Presidencia del país años más tarde. Lo que para muchos fue una clara invitación a acabar con la opresión de manera bélica, para otros se convirtió en una excelente oportunidad de socializar ambas razas. De hecho, el discurso propuesto por Mandela así lo hizo saber. No buscaba venganza. Querían demostrar al mundo que el apartheid fue un error que no debería jamás repetirse. Pero la misión iba a costarle mucho esfuerzo. Era lógico pensar que no iba a ser fácil de aceptar que se tuviera que hacer una defensa al pueblo blanco. La opresión que éstos ejercieron durante décadas sobre la raza negra había hecho florecer la semilla del odio.

Nelson Mandela liberado

Pero el deporte, en determinadas ocasiones, es un verdadero bálsamo. Ya pudimos comprobar que Hitler usaba los acontecimientos de esta índole para ganar adeptos a su causa. En 1995, justo un año más tarde de la llegada de Mandela al poder, Sudáfrica tenía que albergar el Mundial De Rugby. Volvían a la competición tras los problemas que surgieron con el apartheid. Era lo que el país necesitaba: El escaparate internacional. Todos los continentes debían darse cuenta de que esa división racial había quedado obsoleta y que una nueva nación se levantaba con vistas a un futuro prometedor. Los ecos de la cruenta pesadilla seguían sonando en la lejanía, iba a ser realmente complicado hacer olvidar al resto del planeta lo acontecido en años anteriores.

El rugby siempre ha sido considerado en esta nación un deporte para blancos. Junto a la bandera y al himno, eran repudiados por la raza negra. Por ese motivo, Mandela pidió reunirse con François Pienaar, capitán de la selección. En ese encuentro, François quedó maravillado por el discurso que le planteó Mandela. El soplo de vida que quería inyectar, los imposibles por cumplir… era música para sus oídos. Le pidió por favor que hiciera una buena propaganda en sus apariciones públicas sobre los negros, que esa iba a ser la base para la sustentación de Sudáfrica. Pienaar aceptó de buen grado y así comenzó a manifestarse ante la prensa. Además, toda la plantilla aprendió un nuevo himno, en lengua zulú. Se trataba del mismo que usaron durante décadas los negros contra los blancos.

François Pienaar, capitán de Sudáfrica

Comenzó la cita mundialista y sólo el pueblo blanco prestaba atención a la misma. En la selección, un joven jugador recibía las únicas simpatías del resto de la población. Se llamaba Chester Williams y era mulato. Resultaba extraño ver a un jugador que no fuese blanco en el equipo. De hecho, por más que Nelson Mandela pedía a los suyos que arropasen a su país, no había forma de conseguir cierto interés. Además, los más cercanos al Presidente, le tomaron por loco. Seguían sin entender por qué estaba a favor de ese pueblo, por qué había que aplaudir y vitorear a ese equipo que no los representaba, por qué había que recordar día a día lo vivido.

Pese a la falta de apoyo, Sudáfrica quedó 1ª en el grupo “A”. Superó a Australia, Canadá y Rumania con relativa facilidad. Sabían de su potencial y lo demostraron en el terreno de juego. Tras arrollar a Samoa en cuartos de final por un tanteo de 42-14, ahora iba realmente a empezar el Mundial. Y lo que decíamos, no se sabe qué poder tiene el deporte que consigue lo que nadie puede lograr. El pueblo negro comenzó a darse cuenta de que todos eran Sudáfrica. Tarde, pero el mensaje caló. Francia fue vencida en semifinales ante el increíble apoyo de ambas razas desde la grada. La ciudad de Durban fue testigo de un milagro, tanto deportivo como social. Los negros salieron a la calle para festejar que habían llegado a una final de un Mundial. El gran escollo a batir, Nueva Zelanda… los All Blacks.

Llegó el día del partido y Johannesburgo despertaba ilusionada. Bueno, siempre está ese ingrediente de nerviosismo que se respiraba en todos los rincones de la ciudad. Era impensable la unidad lograda con el transcurso de la cita deportiva. Nelson Mandela se levantó inquieto. Dudaba de su forma de llevar la situación. No sabía qué pensaba el pueblo blanco. Tenía miedo a que sintieran que no estaba con ellos, que no había hecho lo suficiente por la unidad. Ante ese temor, llamó al Presidente de la Federación de Rugby para que le trajera una camiseta de los Springboks de color verde, el de la opresión blanca. El dorsal que pidió no podía ser otro que el del capitán, el número 6 de François Pienaar. Se marchó con prisas hacia el estadio, donde le esperaba un difícil compromiso. ¿Qué pasará cuando baje a saludar a los jugadores? ¿Cuál será la reacción del público?

Fotografía histórica

95% eran de raza blanca. Cuando bajó a dar ánimos con la camiseta verde, se hizo el silencio. De repente, un clamor invadió todo el Estadio. “¡Nelson, Nelson!” gritaban enloquecidamente los presentes. Años más tarde, la selección neozelandesa confesó que los impactó tanto la escena que saltaron al campo sabiendo que iban a perder. Esa inyección de moral que recibieron los Springboks, condenó a los All Blacks. El guión es de película…

La selección de Oceanía tomó las riendas. Mandela confesó que estaba más nervioso que cuando le condenaron a muerte. Pero todo tenía que salir bien, era su día, su cita para la historia. Y así fue. Sudáfrica se alzó con el título tras vencer 15-12 y el Olimpo de los campeones ya esperaba a sus nuevos inquilinos. La imagen para el recuerdo se produjo en la entrega de trofeos. Nelson Mandela se acercó a su amigo Francois Pienaar, sonrieron y le dio el preciado galardón. Ese día, fue el principio de una nación. Negros y blancos festejaron juntos la hazaña. Se acabó el sufrimiento, se acabó la guerra. Sudáfrica ha nacido.


Citando: “Fue verlo caminar hacia el estadio vistiendo la camiseta de Francois y escuchar a 72.000 personas empezar a aclamar: Mandela, Mandela… entonces nosotros 15 mirábamos, y pensábamos ‘¡Dios, como vamos a hacer para ganarles a estos animales!”, Sean Fitzpatrick (capitán de Nueva Zelanda).

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6 comentarios to “Sudáfrica nació en 1995”

  1. Marcela Says:

    Hola…estoy pensando que extraños que somos los seres humanos.!!..
    No hay palabras q describa el dolor y el sufrimiento!!!…por un color de piel….es inconcebible desde cualquier punto de vista!!!

    Si a la Libertad de los Pueblos..a la Salud, a la Educación, y a la Igualdad!!!

    Saludos a Todos!!!

  2. Maria Says:

    bueno, supongo que va por mi, entre otros. La película la vi, la verdad es que fue un gran paso en la historia. Es cierto que el deporte mueve masas y éste puede hacer que dos enemigos siendo del mismo equipo olviden sus problemas y sean amigos. Un besazo

  3. Sara Says:

    Totalmente de acuerdo con Tórtola xDDD
    La pelicula no la he visto pero si sabia algo sobre esa historia y la verdad tiene que ser increible que una persona haga levantar a tanta gente como el lo hizo!!=) y si a mi también se me han puesto los pelos de punta manu =) Eres muy grande!1!!=)(K)

  4. Tórtola Says:

    “El guión es de película…”

    De hecho, hay una película…..Invictus =)

    Muy buena Manu, supongo que Shusara ya te habrá dicho mi reacción al leer la entrada xD

    Citando: “Soy el amo de mi destino, soy el capitán de mi alma” (Nelson Mandela)

    • ezmaho Says:

      Sé de la existencia de “Invictus”, querido Cobacho. Oh, fiel lector, espero algún día conocerle en persona y no saciar mi apetito sórdido con usted.

      Gracias por el aporte, mis más cercanos ya ni comentan por aqui…

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