El Cocherito, ¡leré!

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Hace poco buscaba un tema interesante del que escribir para el blog. Mi objetivo era que los lectores, una vez empezasen a leer, no pudieran detenerse hasta esbozar una sonrisa y pronunciaran un “¡qué fuerte!”. Navegué por la red y me topé con un tal Fred Lordz. Pero antes de comenzar con mi entrada, os deseo una buena semana a todos. Quisiera dar las gracias a la Facultad de Comunicación, especialmente a Horacio y Ezequiel, por los buenos ratos que hemos pasado últimamente. No me quiero olvidar tampoco de nuestros seguidores en Facebook y Tuenti. El apoyo que estamos recibiendo nos anima a seguir con el proyecto jornada a jornada. Hay momentos en los que no te apetece escribir; tu ánimo no te permite sentarte frente al ordenador e intentar hacer pasar un buen rato a aquellos que te importan. Sin más dilación, nos trasladamos al año 1904 en “Las Palomas Traman Algo”.

¡Soy un tramposo!

Eric Moussambani se ha convertido en un personaje muy apreciado para la sección deportiva. Muchos conocían su historia; otros se quedaron perplejos. Tenía dos propuestas atractivas y sorprendentes para desarrollar, pero el señor Fred Lordz apareció en mi vida y me cautivó. No porque fuese guapo, esbelto o del Córdoba, no. Podemos considerar a este atleta como el primer gran tramposo de los Juegos Olímpicos. Ojo, no os voy a aburrir con rollos médicos y fármacos que potencian la capacidad física de los corredores. Fred fue más allá… algo más sano para su cuerpo, eso si. No le iba eso de meterse pastillas para rendir (ya existen la Viagra); él era un señor.

Después de un enfrentamiento entre Chicago y Saint Louis por llevarse los Juegos de 1904, Roosvelt apoyó la candidatura del área metropolitana más extensa de Misuri. San Luis de Iluenses, denominación en castellano, consiguió las Olimpiadas. 4 años antes, París albergó la cita. Desastre absoluto. Los americanos temían que fuese así y no dedicaron mucho trabajo para lograr entrar en la historia del deporte. Unos juegos aburridos y con muy poco donde rascar. Pero dentro de ese poco, se aproxima la hora del recordado Lordz.

Maratón: dícese de la modalidad del atletismo en la que unos hombres y mujeres corren y corren y corren… hasta llegar reventados a la línea de meta. Sé que es una gran definición, cosecha propia. Es el típico deporte que ves en televisión y, de la angustia que te da al ver las caras de sufrimiento, cambias rápidamente para ver el rostro de Belén Esteban (que también es de amargura). Entonces entras en un bucle terrible y decides salir a la calle a correr. A los 5 minutos, decides dar por terminada tu aventura y te marchas orgulloso a la ducha: “Hoy me merezco más que nunca estos dos litros de cerveza”. Lo del maratón no es que haya sido una ida total de cabeza, que también. Imaginad que empezáis la carrera. Tú te sientes bien, te da el aire en la cara y te sientes confiado en hacer un gran papel. Pero… poco a poco… tu cuerpo no pide precisamente Salsa (Gloria, has hecho mucho mal al atletismo).

Todos te van adelantando, se burlan de ti y sientes que tu vida no tiene sentido. Piensas con tristeza que tenías que haber entrenado más. Te da tanto coraje que te gustaría coger el primer coche que vieras, arrancarlo y hacer los máximos kilómetros posibles para llegar como campeón al Estadio Olímpico. ¿Y si os dijera que eso fue precisamente lo que hizo Fred Lordz?

Cerrad la boquita, amigos. En efecto, nuestro querido norteamericano de correr no sabía mucho, pero de hacer trampas y maquinar un plan… era el rey. Al verse incapaz de seguir el ritmo de carrera, se montó en un vehículo de la organización que hacía el mismo recorrido y comenzó a descontar los miles y miles de metros que le separaban del oro. Llegando a la meta situada en el interior del Estadio, se apeó y retomó, fresco como una lechuga, la maratón. La hija de Roosvelt bajó corriendo a hacerse una foto con él. Estaba ella casi más eufórica que Fred. “Mira papá, estoy con un verdadero campeón”. Por “desgracia”, los malos nunca ganan. Thomas Hicks cruzó la meta en segundo lugar. Pensó que había ganado, pero vio a un tío como loco celebrando un título que creía suyo. Empezó a echar pestes por la boca. Juró y perjuró que nadie le había adelantado en toda la carrera.

"Una pedrada a tiempo quita muchas tonterías"

El pequeño “Pepito Grillo” que tenemos todos en nuestro interior (es decir, nuestra conciencia) no paraba de decirle a Fred que dijera la verdad, que no le iba a pasar nada. Se vino abajo y confesó su paseo en coche hasta unos metros antes del Estadio. El público enmudeció y decidieron abuchearlo y… apedrearlo. Le fue impuesta una sanción de por vida para no poder practicar nunca más el deporte. Más tarde pensaron que era un castigo muy duro y lo perdonaron en 1905. Entonces fue premiado por su coraje y consiguió ganar el campeonato estadounidense de Maratón. Eso sí… no sabemos si con ayuda…

¿Qué pasó con nuestro amigo Thomas Hicks? Según se supo más tarde, fue inyectado en dos ocasiones con sulfato de estricnina mientras corría hacia la gloria. Como todavía el COI no tenía unas bases claras sobre el doping, nadie consiguió que fuese sancionado ni expulsado de la competición. Fue el primer ganador con sustancias prohibidas. Para eso, prefiero montarme en un coche.

CITANDO: “La máquina ha venido a calentar el estómago del hombre pero ha enfriado su corazón.”, homenaje a Miguel Delibes (novelista español fallecido el 12 de marzo del 2010).

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3 comentarios to “El Cocherito, ¡leré!”

  1. Brutal Eyaculation Says:

    Joder, ke coj***** mas gordos el tío, y pensaba ke con el dopaje estaba todo visto, yo le habría apedreado

  2. Sara Says:

    Estoy con Bianca el titulo es la ostia xDDD y que fuerte vamos:O ambos ”deportistas” si así pueden ser llamados… pero bueno.
    No me paro de sorprender de las historias que encuentras Manu , cada vez me gusta más el blog si señor!

  3. Bianca Says:

    jaja el título de la entrada, para empezar, es genial!

    Manu… yo he sido de las que han pensado en voz alta un ¡Qué fuerte! al terminar de leer tu entrada.

    Estais haciendo un gran trabajo los tres =)

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