El Antílope de Ébano que se convirtió en oro

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Es curiosa la vida del universitario. Su hábitat natural debiera ser la Facultad. Uno se relaciona con sus compañeros y puede llegar un momento en el que surja una bonita y duradera amistad. La Fcom, a pesar de sus problemas económicos, no se queda atrás. Ninguna semana es igual, no existe la rutina para nosotros. Quizás sea el hecho de unas asignaturas atractivas, o una temática bien explicada por los profesores. No seamos falsos… lo que da la vida es la gente con la que te juntas. Es pronto, lo sabemos, no podemos lanzar las campanas al vuelo y asegurar que seremos friends para el resto de nuestros días (a Caillou le queda poco), pero he de admitir que estos meses que llevo en Sevilla han sido de los mejores de mi vida. Pañuelos y lágrimas a parte, comenzamos con una nueva entrada de: Las Palomas Traman Algo…

Ohio Power

Hoy voy a hacer una excepción. Mi escrito tiene parte deportiva si, como siempre, pero también un toque histórico que ha sido aprobado por el mismísimo Horacio Almenara. Su eminencia me lo ha permitido, por tanto, damas y caballeros, os presento a James Cleveland Owens. Si os suena a chinorri, no os preocupéis. Es posible que ni el más sabio del lugar recuerde sus hazañas. Sin embargo, estamos ante uno de los atletas más famosos de la historia del deporte.

Se le conocía popularmente como Jesse Owens. Es lo que pasa cuando tu entrenador no te entiende al hablar y confunde tus palabras. En efecto… el pobre James Cleveland era llamado familiarmente J.C. Su profesor no conseguía descifrar ese mensaje oculto y acabó por llamarle para la hora de comer y por el nombre de Jesse (claro, quien sepa algo de inglés, tiene una forma fonética similar a J.C.).  ¡Son graciosos estos americanos!, la releche. De origen africano, Jesse, era el séptimo hermano de una familia de trece miembros. Los Owens, procedían de una familia de esclavos y de granjeros. (Nota: para el típico gracioso que piense que Michael Owen era la oveja blanca de la familia, está equivocado).

Entrenó y entrenó muy duro para poder convertirse en un aclamado y vitoreado atleta olímpico. Las Universidades se lo rifaban (salvo la Fcom, que como ya hemos dicho, está canina, canina). Finalmente, cursó sus estudios en la Universidad Estatal de Ohio, donde le prometieron que dispondría de un buen entrenador y un trabajo fijo para su padre. Rompió todos los récords habidos y por haber. Dejaba boquiabierto a todos con su forma de correr y sus saltos de longitud. Debido a sus extraordinarios registros, se le empieza a conocer como: “El Antílope de Ébano”.

Su cita con la historia se produciría en los JJ.OO de Berlín, en el año 1936. No hace falta decir que el mundo se encontraba en un conflicto continuo de intereses. Unos querían ser respetados y otros hacerse respetar. Los medios para conseguirlo eran, en la mayoría de los casos, poco lícitos. En España, nos hallábamos en plena Guerra Civil. Fuera de nuestro país, se cimentaba la 2ª Guerra Mundial. Y es aquí cuando tenemos que resaltar a un personajillo llamado Adolfo y apellidado Hitler. Adolfito era un alemán muy suyo. En el recreo no compartía su bocadillo con nadie que no fuese de su tierra. Un día a Adolfito se le olvidó su merienda. Un chico polaco le ofreció compartir su sándwich. Pero Adolfito, lleno de rabia, se lo zampó entero y así fue acabando con las meriendas de todos sus compis de clase. (Nota: Es una visión más infantil de lo acontecido con las Operaciones Relámpago de los Nazis hacia algunos países de Europa).

¡Adelante Impactrueno!

La raza aria era promovida una y otra vez por Adolf. La cita de Berlín´36 era una excusa perfecta para hacer ver a la sociedad que Alemania estaba por encima del resto. No podía permitirse ningún error, los europeos debían temblar cuando los germanos corrieran a por el oro. Lamentablemente para él, Jesse Owens iba a darle un “zas, en toda la boca”. Quedó demostrado que Estados Unidos tenía a los mejores atletas y que Jesse formaría desde aquel año parte de ellos. ¿Que qué es lo que hizo? Pues poca cosa, la verdad. Sinceramente, creo que es más importante contarme 20 en el parchís que ganar 4 miserables medallas de oro en las Olimpiadas y demostrarle al resto del mundo que el Nazismo es una mentira creada y fomentada por un payaso con bigote.

100 metros lisos, salto de longitud, 200 metros lisos y el 4×100 del equipo de relevos americano. Son las pruebas con las que Jesse consiguió subir a lo alto del cajón. Según cuentan los periodistas deportivos de la época, Hitler se negaba a aplaudir a todos aquellos atletas que no fuesen alemanes tras la consecución de una medalla. Tanto es así que al ganarla Cornelius Johnson (otro afroamericano), Adolf se negó a darle la mano y entregarle su premio.

Se escribió mucho del asunto, de tal manera que el propio Jesse Owens en su autobiografía destacaba su encuentro con el Führer: Cuando pasé, el Canciller se levantó, me saludó con la mano y yo le devolví la señal. Pienso que los reporteros tuvieron mal gusto al criticar al hombre del momento en Alemania”. Queda claro que era un excelente deportista y una magnífica persona. Tuvo la oportunidad de criticar a Hitler y no lo hizo, echando la culpa a los periodistas (si, queridos amigos, toda la culpa es nuestra y bla, bla, bla…).

La vida de este deportista llegó a su fin en 1980. Con 66 años, murió de un cáncer de pulmón. Fumaba un paquete de tabaco al día desde hacía 35 años, es decir, terminó su carrera y se dedicó a los placeres que tenía prohibidos por su actividad física. Siempre será recordado por ganarse el respeto del Estadio Olímpico de Berlín y los más de 110.000 espectadores que lo abarrotaban. Las calles de la actual capital alemana fueron testigo silencioso de la veneración que recibía Owens allá donde iba. Curioso es que al llegar a América, el Presidente de los Estados Unidos Roosvelt, no quiso recibirlo en la Casa Blanca por su trato con Hitler y su condición de afroamericano. Podría restarle popularidad dentro de la intención de voto de los estados del sur y eso era algo que Franklin Roosvelt no podía aceptar de ninguna manera.

CITANDO: “Cuando volví a mi país natal, después de todas las historias sobre Hitler, no pude viajar en la parte delantera del autobús. Volví a la puerta de atrás. No podía vivir donde quería. No fui invitado a estrechar la mano de Hitler, pero tampoco fui invitado a la Casa Blanca a dar la mano al Presidente”, Jesse Owens, ganador de 4 medallas de oro.

Pd: ¿Álvaro habrá ido al cine?, ¿quién será el próximo objetivo de Palomadas?, … el lunes más y mejor.

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4 comentarios to “El Antílope de Ébano que se convirtió en oro”

  1. 0ver Says:

    Sencillamente muy bueno!

    Mejorais dia a dia… Enhorabuena chicos!

  2. Quelin Says:

    Grandísima entrada. No tengo más que añadir señoría.

  3. ezmaho Says:

    Tienes toda la razón del mundo, Fregonero. Gracias por estar ahi.

  4. elfregonero Says:

    El negro que hizo ZAS, EN TODA LA BOCA al mayor hijo puta de todos los tiempos. Un ídolo.

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